La conciencia fonológica y la lectoescritura

Saber cúantos sonidos hay en una palabra es una habilidad metafonológica, que implica reflexión sobre el propio lenguaje, implica algo más que usar el lenguaje. Un juego de conciencia fonológica típico es el Veo Veo.

Las clásicas tareas  de Conciencia Fonológica (CF en adelante) en niños, son las siguientes:

  • Tareas de adición de sonido: En las que a una palabra cualquiera se le añade un sonido cualquiera, por ejemplo pedirle al niño que añada el sonido [f] a “uña” → “fuña”.
  • Tareas de omisión de sonido: En las que a una palabra cualquiera le quitas un sonido, por ejemplo ¿qué queda en la palabra “patata” si le quitas el primer sonido? “patata” – [p] = “atata”.
  • Tareas de inversión de sonidos: Estas tareas suelen hacerse con sílabas dentro de una palabra y con sonidos dentro de una sílaba; por ejemplo invertir las sílabas de la palabra “coche” = checo, y los sonidos de la sílaba “ba” = ab.

cuaderno de habilidades_fonologicas

Si se evaluara un grupo de niños con estas tareas y dos años después se evaluaran de nuevo para saber cómo leen, estadísticamente tendría una correlación muy buena, es decir, los niños de infantil buenos en estas tareas, también serán buenos en primaria al leer y al escribir. Por tanto, se deduce que esta variable es un excelente predictor del rendimiento lector futuro en los niños.

En cambio, tener problemas en la lectura y la escritura no siempre implica ser malos en las tareas de conciencia fonológica.

Cuando se pide a un niño que escriba una palabra inventada, como por ejemplo brutichirro, lo que tiene que hacer es:

  • Atender a ese estímulo.
  • Oírlo.
  • Retenerlo en la memoria a corto plazo.
  • Escribirlo letra a letra o sílaba a sílaba con correspondencia al estímulo presentado. Si el niño no tiene la representación silábica bru, lo que hará será aislar los fonemas y luego transcribirlos /b/ /r/ /u/. La trascripción implica segmentación (dividir la palabra en sílabas o fonemas) y orden (tiene que escribirlos en el mismo orden para no modificar el estímulo). Esto es una tarea de conciencia fonológica.

Si un niño con problemas en la lectura-escritura hace bien esta tarea, no necesitará trabajar la conciencia fonológica. Sin embargo, no siempre será necesario trabajar la CF cuando tengas problemas de lectoescritura.

La siguiente explicación deja claro el por qué:

El proceso de escribir palabras inventadas implica dos aspectos:

–  Segmentar: partir la palabra en sílabas y/o las sílabas en fonemas, y mantener el orden.

–  Conversor: convertir cada fonema en su grafema correspondiente.

Por lo tanto un niño que segmenta bien y convierte mal no se beneficiaría de la instrucción en CF: esa habilidad la tiene adquirida. Por eso no siempre que tenemos un niño con problemas en la lectura-escritura tenemos que trabajar la CF; hay que ver el caso.

De la misma manera, incluso los normolectores pueden fallar en tareas de CF. La explicación puede ser que al realizar este tipo de tareas, entran en juego otras variables (memoria a corto plazo) que influyen en la escritura de palabras inventadas. Así, puede estar bien la capacidad de segmentar y convertir, pero si la secuencia no se retiene en la memoria a corto plazo, no se puede transcribir bien.

 

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