Te enseñamos a aplicar el Método Filadelfia para la Lectura Temprana

Te enseñamos a aplicar el Método Filadelfia para la Lectura Temprana

Fuente: https://elisaguerra.net/

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“…cuando se comparte dinero, queda la mitad del dinero; cuando se comparte conocimiento, queda el DOBLE

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Tradicionalmente, hacemos esperar a los niños seis largos años para que accedan por sí mismos a la lectura, porque pensamos que antes de esta edad no son lo suficientemente maduros o capaces para leer. Sin embargo, si un niño a los dos años de edad ha aprendido a entender y hablar su idioma materno (una hazaña enorme considerando las complejidades del lenguaje, las variaciones en los tonos de voz, la repetición accidental y desorganizada de los estímulos auditivos), ¿por qué no habría de ser capaz de aprender a leer? La razón por la cual la mayoría de los niños no aprenden a leer “espontáneamente” es por la falta de estímulos adecuados para hacerlo.

Los niños pueden entender y hablar la lengua materna gracias a su capacidad cerebral y a que reciben los estímulos auditivos con duración, intensidad y frecuencia adecuadas para desarrollar su habilidad. Estos estímulos se les presentan de manera significativa, contextualizada, no fragmentada. El niño interactúa con su ambiente por medio del lenguaje oral. Los adultos a su alrededor le hablan en palabras y frases completas que expresan ideas precisas ligadas con su experiencia. De igual modo, un niño de dos años que ha recibido un programa de estímulos visuales para la lectura, con las mismas características (no fragmentados, significativos, provistos de emoción y vinculados a las vivencias del niño) podrá aprender a leer. De esto trata esta metodología.

Con el Método Filadelfia es posible que el niño comprenda y se exprese con un vocabulario acorde con sus propias experiencias y que pueda reconocer numerosas palabras escritas. El vocabulario oral se irá ampliando conforme los estímulos de su entorno lo permitan. Lo mismo sucederá con el vocabulario lector.

Cualquiera que pretenda enseñar a leer a un niño de dos o tres años haciéndole repetir el alfabeto se dará cuenta de la inutilidad de sus esfuerzos. El niño necesita encontrar significado en toda experiencia lectora, sea o no temprana. El problema es que tradicionalmente hemos visto a la lectura como una actividad escolar o como un ejercicio intelectual, y no como lo que en realidad es: una función cerebral (Doman, 2007) y específicamente una habilidad del lenguaje, en este caso, visual.

Las palabras, y no las letras, son las unidades significativas del lenguaje. El niño no sabe –ni le interesa- qué es una “a”, porque no puede tocarla, olerla, probarla, jugar con ella o romperla. Sin embargo, sabe muy bien lo que es una mamá o una manzana. Las palabras escritas son representaciones gráficas de nuestras ideas.

Los buenos lectores, los que leen por placer y tienen buena comprensión de lo que leen, son lectores globales, esto es, no “descifran” las palabras ni las desintegran en letras que a su vez pueden convertir en sonidos para recomponer en una versión auditiva. Éste es un proceso sumamente lento y tedioso; desafortunadamente un gran número de lectores se ha quedado atrapado en el proceso de decodificación y no ha logrado dar el salto hacia la lectura global, que es más rápida, mejora la comprensión y es más eficiente.

El problema con el método global para el aprendizaje de la lectura es que requiere atención más individualizada. Por otro lado, el método fonético para la adquisición de la lectura, prácticamente garantiza que el niño aprenderá a leer, aun cuando el resultado es una lectura mecánica y lenta. Éste es el método utilizado en la mayoría de las escuelas, pero a largo plazo, resulta ineficiente dada la gran cantidad de personas que leen sin comprensión.

El Método Filadelfia presenta a los niños una gran cantidad de palabras para que ellos, bajo el enfoque constructivista, deduzcan las leyes que las rigen. El niño que dice que no se ha “ponido” el suéter, pudiera parecer gracioso al adulto que lo escucha; sin embargo, él acaba de demostrar que ha realizado una deducción brillante, ya que, sin que nadie se lo haya enseñado, y solamente mediante la escucha repetida de su idioma, aplicó una regla de conjugación a un verbo, en este caso, inadecuadamente porque el verbo es irregular, pero el pensamiento del niño y su aplicación práctica son correctos. Poco a poco aprenderá también las excepciones del idioma y logrará expresarse con propiedad en todas sus construcciones gramaticales.

La propuesta del Método Filadelfia para la adquisición de la lectura es global en el primer nivel (A), y paulatinamente incorpora elementos de la fonética en el segundo y tercer niveles (B y C), ya que existen niños con un estilo de aprendizaje más auditivo, que pueden beneficiarse con ella, y por otro lado, porque la habilidad para adquirir la lectura por medio de métodos globales disminuye conforme la edad se incrementa.

¿Cómo aplicar el programa de lectura?

El programa de lectura temprana comienza desde que los niños llegan al nivel preescolar, a los tres años. Pero en lugar de presentarles el abecedario como base para la enseñanza, se trabaja con palabras completas, organizadas en categorías semánticas -no fonéticas- esto es, relacionadas entre sí por su significado y campo semántico, no por su sonido. El abecedario, por supuesto, vendrá, pero más tarde, cuando trabajamos la escritura.

Categoría semántica (SI)

mesa, silla, cama, sillón, librero

Categoría fonética  (NO)

pato, gato, Paco, palo, paso

Cada semana se les presenta a los alumnos dos categorías de palabras y, a partir de la semana 11, una categoría de frases. Cada categoría incluye cinco palabras que se les habrá de mostrar en tres diferentes ocasiones durante la mañana, de manera muy breve, alegre y entusiasta.

Técnica para trabajar los materiales de lectura

1. Mostrar cada palabra objetivo: recomendamos sentar a los alumnos, ya sea en medio círculo en el suelo, o en sus lugares, pero dispuestos de manera que todos puedan ver fácilmente la presentación de las tarjetas con las palabras de la semana; es preciso mencionar la relación que tienen entre sí de acuerdo con su significado. Por ejemplo la maestra le dice a los alumnos:

“Vamos a ver algunas palabras que son nombres de animales. ¿Listos? caballo, vaca, gallina, pato, oveja.”

Cada palabra se presenta durante sólo un segundo, con un movimiento suave y rápido para que pueda ser percibido visualmente por todo el grupo. El tono alegre y colorido en la voz de la maestra es de suma importancia. En sólo cinco segundos se completa la primera sesión de enseñanza.

2. Repetir tres veces la presentación de las palabras objetivo: Habrá que repetir esta mecánica dos veces más en el transcurso de la mañana, durante la semana completa.

Desde luego, habrá alumnos que no presten atención en algunas sesiones, pero la maestra no deberá distraer su atención en esto, sino centrarse en hacer sus sesiones de lectura dinámicas y entusiastas: ésa es la mejor manera de conservar el interés de los alumnos.

Después de algunas semanas de trabajo, habrá que incluir, además de las palabras semanales (que son las palabras objetivo), pares de palabras y frases que sigan reforzando las palabras que ya se han visto. Estas tarjetas con pares se presentarán de la misma manera que las de palabras simples: tres veces en la mañana, durante una semana.

3. Variar el orden de presentación de las palabras objetivo: al término de cada sesión, es preciso revolver las tarjetas para que no estén en el mismo orden en la siguiente presentación. De otra manera, los alumnos aprenderían la secuencia y no el contenido de los estímulos lectores.

4. Presentar el texto de la semana: en el libro Yo leo para el aula, encontrará 38 lecturas, una para cada semana del ciclo escolar, los cuales incluyen las palabras objetivo. Habrá que presentar la lectura del texto correspondiente por lo menos una vez al día. Adicionalmente y con el fin de reforzar el aprendizaje, las palabras que se presentan cada semana, se trabajan también en el libro de actividades Yo escribo.

Además de las palabras objetivo y las frases, la maestra puede decidir ampliar su programa de lectura para incluir un grupo adicional de palabras semanales. Esto será de gran ayuda para ofrecer a los alumnos una cantidad mayor de estímulos visuales lectores. El objetivo de este programa no es que los niños memoricen mecánicamente todas las palabras presentadas en un esfuerzo consciente y dedicado, sino alimentar su cerebro con un vocabulario lector cada vez más amplio, que les permita acceder a palabras nuevas por inferencia.

Las palabras del segundo grupo, a las que hemos llamado palabras de construcción, son exactamente iguales que las palabras objetivo, en su presentación y dosificación. La diferencia estriba en que éstas únicamente se visualizan, no contamos con lecturas ni actividades adicionales para éstas y el maestro elaborará, si así lo desea, las tarjetas con estas palabras. Tienen la función de incrementar el vocabulario lector y de proveer de mayores oportunidades para que los alumnos reconozcan los patrones del lenguaje escrito.

Aunque hemos dicho que las tarjetas con palabras se presentan durante una semana y después se trabaja con las de la siguiente semana, no se trata de que nos olvidemos de ellas para siempre. Es importante seguirlas usando como parte del repertorio lector. También conviene pegarlas en las paredes del aula y en la primera oportunidad mencionarlas. Por ejemplo, se pueden formar tarjetas con los nombres de los alumnos, pegarlas en la pared y cuando se le pida algo a un niño, presentar la palabra con su nombre mientras se le llama.

También es recomendable hacer juegos y actividades donde se involucren estas palabras, no con afán de comprobación, sino para mantenerlas en uso y para afianzar su aprendizaje. Por ejemplo, se pueden formar pares de palabras, donde la maestra y los alumnos se sienten en el suelo y simplemente colocar dos palabras juntas y ella las leerá en voz alta. Pueden crearse pares de palabras que resulten graciosos, por ejemplo, “mamá azul”. El humor es un elemento importante para el aprendizaje.

Otro juego consiste en que un niño tome una palabra, la maestra se la lee al grupo y el niño “actúe” para representarla. Por lo menos una vez al día, los alumnos deben revisar en grupo la lectura de la semana que está en Yo leo y en Yo escribo, y con las palabras recortables de este libro pueden “jugar al detective” relacionando las palabras destacadas con rojo en Yo leo, con sus recortables.

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2 Responses

  1. gm dice:

    Donde puedo encontrar el libro Yo leo para el aula? Gracias.

  2. Dana dice:

    Hola, no encuentro el link para descargar y me interesa mucho, gracias

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