4 maravillosos cuentos para trabajar VALORES, los primeros días de clase

4maravillosos cuentos para trabajar VALORES, los primeros días de clase

“…cuando se comparte dinero, queda la mitad del dinero; cuando se comparte conocimiento, queda el DOBLE

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Los cuatro amigos: un bello cuento lleno de valores

Érase una vez un hombre que tenía un burro. Durante muchos años el animal había llevado la carga al molino pero ahora, viejo y cansado, ya no tenía fuerzas para ese trabajo. Así que el hombre, para ahorrar un poco de dinero, dejó de darle de comer. El burro, que veía muy negro su futuro, decidió escaparse a Bremen para hacerse músico callejero.

Un burro, un perro, un gato y un gallo son los protagonistas de este relato de los hermanos Grimm que anima a no decaer pese a las dificultades, porque siempre habrá oportunidades para salir adelante. Partiendo de que nadie es imprescindible, este cuento destaca que todos somos útiles para desempeñar una función en la vida. También sugiere que la unión hace la fuerza, cuando los animales logran espantar a los malhechores que encuentran en una casa del bosque. “Los cuatro amigos”, también conocido como los músicos de Bremen, es el cuento más significativo de esta ciudad, afamada por su carácter liberal, acogedor y abierto.

LOS 4 AMIGOS

El patito feo

La vida del patito empieza cuando un huevo de cisne llegó al nido de una pata que vivía en una granja del campo. Al nacer, resultó ser un patito muy feo; desproporcionado en tamaño con respecto a sus agraciados hermanitos, con un graznido muy fuerte, estridente y molesto. Era el hazmerreír de los otros animales que ahí vivían. El pobre patito no recibió más que picotazos, empujones y burlas. Incluso sus seis hermanos le maltrataban a veces diciéndole «¡Ojalá te pille el gato, grandulón!» y hasta su madre deseaba que estuviese lejos del corral. Era la oveja negra de la familia.

Un día el patito huyó de allí. En sus aventuras ningún animal salvaje quería estar con él. Se vio envuelto en una cacería, estuvo varias semanas acogido en casa de una viejecita (con su gato y su gallina, que creían ser el centro del mundo) pero echaba de menos nadar y chapotear en el agua, así que se marchó. Una tarde de otoño pudo ver una bandada de grandes y hermosas aves que levantaron el vuelo. Eran cisnes, pero él no lo sabía. Se quedó impresionado y muy inquieto ya que sintió cosas que nunca había sentido. Pero entonces el crudo invierno llegó y el pobre patito lo pasó muy muy mal, tanto que casi muere congelado. Un campesino lo salvó de la muerte pero pronto tuvo que escapar también de su casa.

Finalmente llegó la primavera y ¡volvió a ver a tres bonitos cisnes!. El patito feo se acercó a ellos, seguro de que lo picotearían hasta la muerte. Pero éstos nadaron a su alrededor y lo acariciaron con sus picos. De pronto se miró en el agua y se dio cuenta que también él era un cisne. Después de tantos trabajos y desgracias ahora se sentía muy, pero muy feliz, «Jamás soñé que podría haber tanta felicidad, allá en los tiempos en que era sólo un patito feo». Cuando fue visto por su “madre” y sus “hermanos” junto con los otros animales de la granja, no salieron del asombro. De aquel horrible y feo patito, no quedaba nada. Era ahora un animal hermoso y elegante: Un cisne.

EL PATITO FEO

La mejor rana del mundo

Había una vez una rana muy ambiciosa y presumida; tanto, que estaba convencida de que era un prodigio de la naturaleza, algo infinitamente bello e irrepetible.

Por este motivo la rana resultaba poco agradable a los demás y bastante egoísta. No toleraba que otros pudiesen alagar a terceros y no a ella misma, pues hasta ese punto llegaba su insensatez.

¿Han visto a ese buey que pasea últimamente por aquí? Es tan grande y con un pelaje tan lustroso…- Exclamaba otra rana de la charca.

¡No dices más que tonterías! ¡Yo poseo el mejor color, el mejor brillo y la mayor de las fuerzas! – Contestaba la rana presumida molesta.

Y en esto que, estando un día tomando el sol a la orilla de la charca, la rana vio pasar al buey del que le habían hablado en cierta ocasión.

Pudo contemplar la majestuosidad de sus formas, el brillo de su pelaje y la fiereza de su rostro. Sin duda era un animal magnífico y digno de ver.

La rana, molesta al verle, hizo todo lo que estaba en su mano y más, para poder hacerse más grande. Pero por más que se hinchó y se hinchó, no podía alcanzar las dimensiones del buey.

Llena de frustración por no lograr los resultados deseados, la rana no dudó en ir más allá de sus posibilidades, y de nuevo hizo por hincharse un poco más hasta que, de pronto, estalló como una pompa de jabón.

¡Qué bien se lo pasaron las ranas de la charca aquel día saltando y jugueteando sin parar! Igual que podía haberlo hecho la rana de nuestra historia, si hubiera aprendido a tiempo a aceptarse a sí misma y a no ponerse por encima de los demás.

LA MEJOR RANA DEL MUNDO

El mono y las lentejas

Un hombre tenía que llevar un saco de lentejas a un pueblo vecino. Se lo cargó a cuestas y echó a andar. En el camino cruzaba un bosque y, como hacía mucho calor y la carga pesaba mucho, apenas llegó el hombre a la sombra de los árboles, decidió descansar un ratito. Dejó el saco de lentejas, se tumbó en la hierba, cerró los ojos… y pronto quedó dormido. En el bosque vivía un mono, tan curioso como todos los monos, y apenas vio el saco desde lo alto del árbol donde vivía, quiso ver de qué estaba tan lleno. Bajó en cuatro saltos y metió la mano, sacando un puñado de lentejas. ¡Lentejas! ¡Con lo que al mono le gustaban! Muy contento volvió a subir al árbol, buscó una rama buena y allí sentado cómodamente empezó a comerlas.

¡Estaban riquísimas! Entonces se le escurrió una, la más chiquitita de todas, que era justo como el punto de una i, y no queriendo perderla, bajó del árbol en seguida. Con las prisas se le enredó el rabo en una rama y, para no caerse, tuvo que sujetarse bien al tronco y, para sujetarse mejor, abrió las manos y entonces se le cayeron todas las lentejas que le quedaban. El hombre, al sentir la lluvia de lentejas en la cara, se despertó, ató bien el saco y, cargándoselo a la espalda, continuó su camino. Y el mono ambicioso, por no resignarse a perder una sola lenteja, las perdió todas.
EL MONO Y LAS LENTEJAS

 

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3 Responses

  1. Patricia León dice:

    ¿en que ciudad y país están?
    Vamos a presentar un libro de cuentos para enseñar derechos humanos y valores en fechas próximas y nos gustaría invitarlos. Esto será en Toluca, Estado de México

  2. Hildailin dice:

    Venezuela

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